Rafael Nadal: “El deporte de élite no es salud”
Reportaje de El Mundo de Ana Romero
Presenciar un partido de Rafael Nadal a miles de kilómetros de España termina siendo un agotador carrusel de emociones. Gane o pierda, sin embargo, siempre queda la satisfacción de ver lo que este mallorquín de 22 años ha hecho por nuestro país: ubicarlo en el mapa como el mejor de los embajadores.
“Yo no sé muy bien lo que comunico, esas cosas no las pienso, pero lo que sí sé es que la imagen de los españoles en el mundo es la de buena gente. Creo que es gente querida. Estoy feliz de ser español”, afirma Rafa (para nosotros) o Naddaalll (para el resto), el número uno del tenis mundial en cualquier caso. “Creo que somos gente normal y educada, mucho más que en otros sitios. Yo que viajo mucho lo veo. Me pasan cosas alucinantes. Te metes en un ascensor y dices ‘hola’ o ‘buenas noches’ si hay otra persona. En muchos sitios del mundo ni te contestan, ni te miran a la cara. A mí me da rabia. Yo siempre insisto. ‘¡Hello!’ Esto en España no pasa”.
Esto lo cuenta Nadal en el Golfo Pérsico, donde el comienzo de temporada no ha sido demasiado brillante para él. En el Abierto de Qatar fue liquidado en cuartos de final por Gael Monfils. Días antes, en el torneo de exhibición de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos), también perdió, ante el británico Andy Murray. El viernes por fin levantó un trofeo, el doble en Doha junto a Marc López. Él se lo toma con calma, una de sus palabras favoritas y sin duda la que mejor lo define. Su racional explicación: haber estado fuera de competición desde el pasado 31 de octubre debido a una tendinitis. “No creo que haya sido un principio de año complicado. Es normal, llevo dos meses y medio sin competir y me cuesta un poco coger el ritmo. Lo único el jueves. Sí, el jueves no jugué bien contra Monfils”, afirma en referencia al demoledor doble 6-4 con el que el francés acabó con él en menos de hora y media.
Apenas un rato después del partido, delante de la prensa internacional, y también ahora, durante esta entrevista, Nadal parece provisto de un tranquilo mantra, una brújula labrada en sentido común y que le ayuda a navegar por la vida sin dramatismos: “Soy totalmente consciente de que cuando voy a jugar un torneo puedo ganar o puedo perder. Todos los partidos son difíciles, y el jueves Monfils jugó mejor que yo. Nada más. Intentaré corregir unos errores y ya está. Además, no es un torneo que me vaya a afectar mucho para la clasificación“.
Lo importante es ser práctico, levantarse tras la caída. Este es su plan de acción: volar el domingo 11 hacia Melbourne y entrenarse allí toda la semana para el Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año: “Ese sí es un torneo importante para tu confianza. Este de Qatar, al fin y al cabo, no es decisivo”. Añade riéndose: “Pero si me pasa lo mismo dentro de una semana y media en Australia igual de feliz no estaré. Eso que no quiere decir que el jueves estaba feliz, no. Pero es lo que hay, no se puede jugar siempre y ganar”.
















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