rafael nadal

rafael nadalRafa Nadal, ídolo para la mayoría de los miembros del gremio del deporte español, ha sido elegido deportista del año. Consultados 41 directores técnicos de Federaciones o seleccionadores, el tenista acapara el 66% de los votos como referente internacional (otro 17% le cita como el mejor español). Ganador en la categoría nacional el pasado año, asciende de grado. Ni Michael Phelps, con sus ocho oros olímpicos ni Usain Bolt, con su triple título y dos imponentes récords del mundo en Pekín, superan el efecto Nadal, abrumador en su tránsito por el 2008.

Tan campeón olímpico como Phelps o Bolt, los éxitos de Rafa Nadal también tienen aroma histórico, un currículo de museo. Triunfador en Roland Garros por cuarto año consecutivo, igualando la mejor racha en el torneo (Bjorn Borg, 1978-1981), ha vuelto a izar la bandera propia en Wimbledon 42 años después de Manolo Santana, ha sido el primero en 28 años en sumar el éxito en París y Londres en un mismo año y venció en otros cinco torneos (Montecarlo, Barcelona, Hamburgo, Queen’s y Toronto). Su colección se revaloriza por la entidad del principal competidor, Roger Federer, desalojado del número uno del mundo, su cortijo durante 237 semanas (desde el 2 de febrero de 2004).

Todos esos méritos profesionales son sólo una parte de la grandeza. La figura de Nadal se fortalece de civil, en opinión de los entrevistados. El seleccionador de Ciclismo, Paco Antequera, destaca: “Hay que ver para creer lo que ese hombre aguantó en la inauguración de los Juegos. Es más que resistir cinco sets ante Federer”. “Aquel día, si no se hizo 5.000 fotos, no se hizo ninguna. Es para levantarle un monumento”, incide Jesús Tortosa (taekwondo). El recuerdo de aquella jornada lo remata Juan Carlos Martín (ciclismo femenino): “Fue alucinante, una de esas veces que sientes: “Qué caña le están metiendo, no puede ser que lo soporte”. Pero le mirabas y veías que a nadie le decía que no. Parecía un sinvivir y sorprendía cómo lo llevaba”.

rafael nadalLa cercanía, mostrarse como un igual, alojado en la Villa como el más modesto de los atletas españoles, aparece en el discurso justificativo de la votación de muchos. Para ellos, “humilde” es el segundo apellido del vencedor. El mallorquín no siguió el camino de Federer o de las superestrellas de la NBA, alojados en hoteles de lujo, sino que tomó el mismo rancho que todos. “Por las noches, lo veías tirado en el césped de la Villa, haciendo bromas con el resto”, explica Álvaro Montesinos (gimnasia). Quienes no pasaron por Pekín reafirman ese perfil de normalidad. Narra Xavier Mateu (béisbol): “He coincido con él en algunas entregas de premios y, en esos actos, hay quien se comporta correctamente para quedar bien y luego… Pero fuera de los focos he comprobado que es igual. Un día coincidí con Nadal en el aeropuerto, lo observaba desde lejos y veía que se comportaba igual. ¡Hasta cargaba con sus propias bolsas!”. Albert Costa, nuevo capitán de Copa Davis, cenó una noche con Nadal en el último Roland Garros. “Interrumpió ocho veces la comida para atender a gente que se quería hacer una foto o pedía una dedicatoria”.

De la situación descrita apenas pasaron seis meses, pero hace seis años no era distinto. Señala Jesús Carballo, seleccionador femenino de gimnasia, que ese espíritu “le viene a Rafa de cuando no era nadie”. Una de las pupilas de Carballo, Elena Gómez, acababa de lograr el oro en el Mundial de suelo de 2002, y una televisión invitó a Nadal a acercarse al CAR de Madrid para improvisar un partido de tenis con su paisana. “Entonces, él no era la estrella, pero asumía perfectamente su papel y se prestaba igual a todo. Me demostró que era un chico que sabía divertirse, subido a la barra o colgado de cualquier sitio, tonteando”.

Dos últimas opiniones, centradas en lo deportivo, síntesis. De presidente a presidente. José María Odriozola (atletismo), casi con “envidia”: “Nadal es el prototipo del deportista completo. No sólo porque sea bueno, sino por su espíritu, un espíritu de superación, de no rendirse jamás, que me gustaría ver en todos los deportistas españoles“. Cierra Fernando Climent (remo): “Hace grande su deporte y hace grande el deporte con su forma de ser”.

En efecto, importan las maneras. Nadal ha contribuido en primera línea a acuñar una especie de denominación de origen del deportista español, de atención y servicio, de escaso endiosamiento. Así lo reconocían los periodistas argentinos en el equipo español de Copa Davis, así se percibió en la Eurocopa de fútbol, así fue constatado en los internacionales de baloncesto, vecinos de Nadal.

El tenista y los jugadores vivieron en los Juegos en comunión de deudas pendientes a las cartas. Los mayores problemas que provocaron unos y otro fue cómo lograr entradas para ver al colega. Nadal, Gasol (como resumen de un equipo) y Gemma Mengual (resumen de otro equipo) conforman la santísima trinidad del deporte español, vinculados por la amistad y por compartir médicos y fisioterapeutas. Especialmente reconocida ha sido la última, como miembro del equipo de sincronizada, que acapara el 75% de los votos en la categoría deportista española. Fue un año en que los encuestados no necesitaron pistas sobre a quién votar. Como resortes, saltaron: “Nadal”, “las chicas de sincronizada”.

Luis Fernando López
El Mundo