roger federer, wimbledon 2008

Hay muchas cosas impresionantes en que Roger Federer juegue mañana su sexta final consecutiva de Wimbledon. El suizo lleva 65 victorias seguidas sobre hierba. Sólo en una ocasión se enfrentó a un punto de partido en contra durante esa racha. Sólo en una ocasión, el año pasado en la final contra Rafael Nadal, tuvo que jugar cinco sets. Y sólo en una ocasión en su reinado, ayer, tras vencer al ruso Marat Safin (6-3, 7-6 y 6-4), reconoció la necesidad de encontrar un rival a la altura de su perfección. Por tercer año consecutivo, Rafael Nadal es el candidato.”Todavía”, dijo el número uno del tenis mundial a los suyos en alemán; “no he jugado mi mejor tenis en este Wimbledon. Nadie me ha empujado a ello. Espero que si ocurre en la final encuentre una marcha extra”. Las estadísticas del campeón, sin embargo, no calientan corazones. El malicioso runrún ha llegado a los oídos del mejor tenista del mundo. Dicen los gurús del tenis, de Brad Gilbert a Nick Bolletieri, que este año es el año de Nadal. Que si el curso anterior empujó a Federer hasta el límite de las lágrimas, este año, con las mejoras que ha introducido en su juego, no puede sino ganar. Y Federer les escucha con respeto. Y Federer admite sus opiniones, incluso cuando son graznidos de carroñero que le recuerdan su desastre en la última final de Roland Garros, donde sólo ganó cuatro juegos ante Nadal. Y Federer, que conoce las abismales diferencias entre la tierra y la hierba, sólo pide una cosa: “No me descarten demasiado rápido”. “Rafa es un gran competidor y un verdadero peligro. Se merece el respeto de los periodistas y de los jugadores, pero antes de que empecemos a hablar de otra cosa nueva, alguien tendrá que ser capaz de romper la racha increíble que llevo en partidos sobre hierba”, explicó Federer, ganador de 12 títulos grandes.”Mi camino hasta la final ha sido perfecto”, añadió el suizo. Y ahora sólo queda un partido… Es muy simple. No he tenido ningún tipo de problema durante este torneo. Ha sido algo francamente increíble. París fue una decepción. Estas cosas ocurren a veces y lo importante ahora es que tome impulso de ese golpe”.

Juan José Mateo, El País