rafael nadal

Corría el 22 de febrero cuando muchos seguidores de Rafa se echaron las manos a la cabeza al ver perder a nuestro campeón en Rotterdam contra Andreas Seppi. Poco antes un desconocido como Tsonga había eliminado a Rafa en Semifinales del Australian Open y semanas antes Youhzny lo barrió en la final de Chennai.

La temporada para muchos empezaba mal, aunque para mí no. Para mí y para muchos que nos agarrábamos a datos: había mejorado resultados con respecto al año anterior.

Llegó Indian Wells y llegaron las buenas sensaciones. Fulminó a Tsonga en uno de los partidos más importantes de la temporada desde el punto de vista mental (remontó un 6-7 y 5-2 para ganar 6-7, 7-6 y 7-5), y a uno de sus bestias negras, James Blake. Luego, un Novak Djokovic que venía de ganar el Australian Open le ganó en semifinales. Pero ahí estaban las buenas sensaciones.

Las buenas sensaciones que en Miami se convirtieron en final. Una final trabajada, un camino duro. Era habitual el comentario de que Blake y Berdych eran mejor que Rafa en pista dura. Ya cuando Rafa volvió a fulminarlos en Miami se fueron acallando esos excépticos. Y nos pusimos a 700 puntos de Federer.

Rafa pudo descansar. Pero no. Se fue a Alemania y luchó para que España avanzase en Copa Davis.

Sin apenas descanso fue para su casa, Barcelona, donde nuestro Rey volvió a reinar: Cuarto Conde de Godó consecutivo.

Llegó Montecarlo, y más de lo mismo. Cuarto Masters Series consecutivo. Ya lo dije, había que ponerse a sus pies.

El calendario ATP hizo que llegara a Roma (donde iba a ganar su cuarto Masters Series consecutivo) con unas ampollas tremendas. Perdió contra Ferrero y perdió puntos. Peligraba el segundo puesto, donde lleva desde 2005.

La mejor solución era ganar. Ganar y ganar. Y fue lo que hizo en Hamburgo. En un dramático y tenso partido contra Novak Djokovic en el que se jugó en el segundo puesto y luego arrebatando a Federer su Masters Series favorito, donde había ganado cuatro veces. Rafa apretaba los dientes y daba un golpe de autoridad. Federer empezaba a desesperarse.

Y en estas que llegó Roland Garros, donde dicen los números que Rafa lleva 28 victorias consecutivas. Llegó Roland Garros, donde Rafa se pasea con majestuosidad por la pista. Llegó Roland Garros, donde Rafa Nadal se convierte un dibujo animado capaz de hacer cosas que no imaginos.

Llegó Roland Garros, donde se merendó a Djokovic y se cenó a Federer.

Hoy todos hablamos de récords, de Bjön Borg… y lo más alucinante de todo es que hoy Rafa no va ni de fiesta y mañana viaja a Londres para preparar la temporada en hierba, donde juega el miércoles en Queens.

Si para terminar digo que de la persona que he hablado tiene 22 años, ¿qué me dices?.

Gracias, Rafa, un día más y un año más por todo lo que haces. Gracias Rafa, hoy más que nunca, nuestro killer de las pistas de tenis.

Pablo Garcés
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